«Hay mucha más gente indignada en sus casas que en las calles»
Pedro Ruiz habla de la función de mañana en el Teatro Ortega
Su afiliada lengua le ha valido vetos en muchas televisiones, pero Pedro Ruiz mantiene siempre su conquista por la independencia, ahora desde los escenarios. Es sobre las tablas donde el hombre que ni vota ni tiene patria ha encontrando un lugar donde plantar su bandera. Mañana actuará en el teatro Ortega (21 horas) con la divertida comedia 'Escándalo en palacio'.
En 'Escándalo en palacio', usted relata las relaciones erótico-políticas entre un mandatario francés y una actriz de apellido italiano. ¿Sigue planteando dudas de que esté diseccionando a Sarkozy y a Carla Bruni?
Lo niego completamente. El mandatario no es francés y ella no es Carla Bruni. Son dos arquetipos a los que sorprenden en un acto amatorio en unos baños, que se televisa, y ese es el origen de la obra y del escándalo. Pero es una cosa que puede ocurrir hoy o que pudo ocurrir en Egipto, que produce carcajadas permanentes, porque el público identifica lo que está ocurriendo hoy, ayer y mañana en cualquier lugar.
Usted no vota y además arremete contra los políticos. Digo yo que algo bueno tendrá la democracia...
No, yo no arremeto contra todos los políticos. No voto porque es una opción como otra cualquiera. Mi abstención es activa. La democracia tiene de bueno que es mucho mejor que la dictadura. Pero los chicos pacíficos del movimiento15-M llegan tarde. Yo llevo veinte años diciendo lo mismo. Creo que hay que ahondar en la participación del individuo en la toma de decisiones, y los políticos se han fosilizado.
¿Pero los del 15-M son unos 'perroflautas' o realmente tienen motivos para estar en la calle?
Hay mucha más gente indignada en sus casas que en las calles. ¿Por qué según el CIS los ciudadanos creen que los políticos son el tercer problema de este país?
Porque hace veinte años yo podía sentar en una mesa a Felipe González, Txiki Benegas, Santiago Carrillo, Fraga y Rodríguez Sahagún a jugar una partida de dominó en broma conmigo, y eso hoy es imposible. Algo habrán hecho mal. Los políticos venden la moto de la concordia, pero no la practican.
¿La crisis tiene fecha de caducidad y empezaremos a ver pronto los brotes verdes?
La crisis no es crisis. Esto es la factura de la crisis. Ha habido quince o dieciocho años de una bancarrota ética absoluta, y esa ruptura de la escala de valores nos ha conducido a esto. La telebasura de la que se habla en la obra, que es una obra supremamente divertida, ha colaborado al asunto.
Su último libro se titula 'El hijo que no tengo'. ¿Tan mal ve el mundo que ha decidido no dejar descendencia?
Es una opción que tomé en su día, aunque tengo comedores en Nicaragua, viviendas hechas en Bolivia con el juez Garzón, que es mi amigo, y colaboro de toda la vida en muchas cosas que no viene al caso explicar. Pero siempre he tenido sospechas de que la sociedad no caminaba hacia grandes avances espirituales, sí materiales. Creo que es el momento de detenerse y saber si hay que avanzar por dentro o por fuera.
Se cansó de ser un showman y decidió buscar al actor que lleva dentro. ¿Lo ha encontrado?
Honradamente, no sabría cómo definirme. Soy una persona que tiene ideas para hacer canciones, música, cine, televisión cuando me dejan… A mí me divierte mucho inventar. El momento más feliz de mi trabajo es cuando se me ocurre una buena idea, el momento de la creación es el mejor. El de la repetición menos. En contra de lo que pueda parecer, a mí me da vergüenza que me aplaudan, soy un tipo muy tímido. Sin embargo, me divierte mucho inventar.
¿Ha encontrando en el escenario esa patria que no encuentra en ninguna parte?
Mi patria está en la bondad y en el talento. La bondad sin talento me vale, el talento sin bondad no me vale. El teatro es una liberación y una terapia .
Desde hace tiempo usted está condenado al apagón televisivo. ¿Con la amplitud de la TDT no ha conseguido encontrar su hueco?
Hace ocho años que no piso la televisión pública, donde trabajé, y mis períodos de ausencia de la televisión siempre coinciden con los períodos progresistas, cuando yo soy más progresista que ellos. Soy un hombre de izquierdas que no vota, y es curioso que en ocho años no haya pisado la televisión estatal ni para una sola entrevista. No quiero colaborar con la telebasura, no quiero hacer cualquier cosa, quiero hacer programas de autor. Los programas de autor ahora no están de moda, y los políticos de un lado y de otro me están poniendo muchos problemas. Pero volveré, seguro. En cuanto a la TDT, todavía no está suficientemente cocida como para llevar a cabo según qué proyectos. Si tiras de los hilos de todos los canales, detrás solo hay tres o cuatro manos.
¿Cómo es la televisión ahora?
Está a punto de crujir. La telebasura le hace más daño a la sociedad que el terrorismo. Está a punto de crujir desde el punto de vista económico, desde el punto de vista ideológico y de lo que llaman formato, y espero que en algún momento haya grietas para que vuelva el hombre sencillo a hablarle con sencillez a la gente sencilla. Hay buenas series y también algunos buenos profesionales, pero creo que han fotocopiado modelos repetidos, reiterativos y mediocres. Espero que en esta catarsis a la que nos somete la crisis haya brotes verdes de verdad.