''Siento que me he alejado mucho de la trinchera''
"Nadie me llama para producirme ni para pagarme nada"
El título de su último trabajo teatral, ‘No estoy muerto, estoy en Callao’, lo dice todo. Polifacético donde los haya, Pedro Ruiz recupera en este espectáculo su más genuina condición de showman. ‘No estoy muerto, estoy en Callao’ es el título de su último espectáculo. ¿Es un aviso a navegantes de que Pedro Ruiz sigue ahí?
Efectivamente, es una reaparición, que no una resurrección, tras un tiempo ausente por motivos familiares. Al mismo tiempo, es un regreso a los orígenes de la parte más difícil de mi trabajo: el show, con todo lo que implica.
¿De qué puede disfrutar el público en este espectáculo?
De todas sus emociones: de la risa, de la ternura, de la libertad, del desacuerdo, de la molestia, de la música y, sobre todo, de la pequeña oportunidad de burlarse de sus burladores. Creo que la sociedad se lo merece.
Esta dirigido, escrito y producido por usted mismo. No se ha tenido que pelear con nadie para su puesta en escena.
Tiene una explicación sencilla. Nadie me llama para producirme ni para pagarme nada. Mi independencia ha procedido siempre del valor y de mi bolsillo, no hay otra cosa.
En este espectáculo, el público no es un mero espectador...
Digamos que es como el usuario de una sauna donde por cada poro le sacan el sudor contenido. Va a salir del espectáculo aliviado por haber dejado dentro unos kilitos de toxina.
Somete a personajes del mundo político a la crítica, algo que en estos momentos se agradece mucho. ¿Quiénes pasan por su lupa?
Empezando por mí mismo, por mi lupa pasa la sociedad en general. No se trata de ponerle nombre: la monarquía, la pobreza, los banqueros, los tontos papanatas que somos cuando nos dejamos embaucar... El espectáculo es sobre la idiotez humana, de la que todos formamos parte.
¿Por qué ha elegido este momento para regresar?
Primero, porque es cuando he podido salir del duelo de la muerte de mi madre, tras muchos años a su cuidado. Además, uno tiene que recuperar el tono que el escenario se merece para subirse a él. Los afectos son más importantes que los intereses.