Escucha "Todo va bien", del disco que lleva el mismo nombre.
El autocontrol
Aborregados
No me recuerdo ni un solo momento en mi vida habiendo perdido el control
El pasado sábado al salir del teatro en Teruel, mientras caminaba a recoger el coche, me vino a la mente un pensamiento recurrerente. Desde que soy un crío convivo con él: ¿Por qué la inmensa mayoría de las fiestas populares de todo el mundo van asociadas al comer, al beber, al descontrol y sobre todo al ruido?
Será un defecto mío, pero no me recuerdo ni un solo momento en mi vida habiendo perdido el control. En lo bueno y en lo malo. En lo duro y en lo amable. He sentido siempre vergüenza de dejar suelto al animal desordenado que llevamos. No me gustaría verme así desde fuera. Y, consecuentemente, siempre que puedo eludo esas situaciones.
Comprendo que el bicho humano está lleno de presiones. Que si no estalla puede implotar. Pero añoro el dulce consuelo que producen la ternura, la conversación, los pequeños detalles... Un tono amable.
Contra el grito, la caricia. Contra el barullo, la dulzura. Contra la berrea, la sensibilidad.
Lo decía el poeta: "Yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón".